Madrid también se contagia de la turistificación

Gran Vía, en Madrid.

Este artículo sobre turistificación apareció primero en bez.es.

La turistificación no es un fenómeno reciente, como saben los habitantes de los municipios costeros del Levante, Andalucía o las islas. Lo que sí es novedoso es que esta adaptación al turista se empieza a ver también en ciudades que no son 100% turísticas, como Barcelona –un caso muy avanzado– o Madrid, con consecuencias desastrosas para la identidad de los barrios y sus pobladores. Una de estas consecuencias es la subida de los precios de los alquileres, como en Madrid, donde se han registrado incrementos del 15% en algunas zonas céntricas. Para muchos colectivos, la causa de esta subida de precios está muy clara: Airbnb.

“En el caso de Madrid hay un pico muy claro de precio en el último otoño, y la proliferación de las viviendas turísticas es uno más de los factores que han influido. Airbnb no es un factor menor, pero no es el único”, explica Álvaro Ardura, arquitecto y miembro del Grupo de Investigación en Paisaje Cultural (GIPC) de la Universidad Politécnica. Para Ardura, el incremento de los alquileres es consecuencia de varios factores. Uno de ellos es una “sociedad de propietarios históricamente favorecida desde las políticas públicas, el sector inmobiliario y el financiero”, lo que ha provocado un parque de alquiler muy reducido. Esta circunstancia se agrava con la crisis, pues se reducen las hipotecas concedidas y aumenta la demanda del alquiler.

En este contexto de demanda acumulada de vivienda de alquiler y poca oferta surge Airbnb, que ofrece a los propietarios la oportunidad de ganar más por sus viviendas si alquilan a turistas en vez de a residentes. A este tercer factor que podría explicar la subida del precio de los alquileres se suma uno más: la expiración de los primeros contratos firmados con la Ley de Arrendamientos Urbanos que se modificó en 2013 y que rebajaba el periodo de renovación de 5 a 3 años. En 2017 se cumple dicho periodo y muchos propietarios tienen la opción de actualizar el precio de sus alquileres. “Es la tormenta perfecta para que suban los precios”, resume Ardura, “poco stock de vivienda de alquiler, mucha demanda y un modelo alternativo de explotación que da más beneficios”.

Madrid, caso clínico

Madrid no es el peor ejemplo de turistificación, pues es mucho más grave lo que se vive en Ibiza o en Santa Cruz de Tenerife, cuya oferta de alquiler está reservada sólo a los turistas, o como en Barcelona, cuya situación es tan alarmante que el ayuntamiento limitó la concesión de licencias para viviendas turísticas en abril del pasado año y, meses después, promovió una medida para que los propios vecinos denunciaran los alquileres turísticos ilegales. Madrid es un caso clínico porque el fenómeno se está gestando y los datos permiten conocer en detalle su evolución.

InsideAirbnb es una base de datos que actualiza toda la oferta de Airbnb en las principales ciudades. En abril de 2015 el portal registró en Madrid 7.748 viviendas de alquiler turístico; dos años más tarde, en abril de 2017, la cifra ascendía a 13.352. En el caso de Barcelona, los datos en 2015 fueron 12.031 viviendas de alquiler turístico y en 2017, 17.657. El incremento de Barcelona fue del 46,8%, el de Madrid, del 72,3%.

Densidad de ofertas turística por sección censal en 2015 y 2017 en la zona centro de Madrid. Fuente: GIPC, Universidad Politécnica.

En el centro de Madrid hay 28.000 viviendas en alquiler según el censo de 2011, apunta Álvaro Ardura, y en los últimos dos años han aparecido 2.000 viviendas turísticas. “De algún sitio habrán salido”. Para el coautor de First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades, Airbnb pudo canalizar en un principio las viviendas que estaban vacías, impulsando a sus dueños a destinarlas al alquiler turístico, “pero lo que sospechamos es que ahora se está produciendo una importante sustitución de vivienda habitual por una vivienda turística. Si esa regla es verdad, es un factor claro de que Madrid se dirige a lo que sucede hoy en Barcelona”.

Turistificación no es igual a gentrificación

Como en la gentrificación, la turistificación también supone el desplazamiento de la población residente: la subida de los precios del alquiler obliga a que los pobladores tradicionales, que no pueden afrontar la subida, se trasladen. La diferencia está en lo que sucede después. “La población desplazada no se sustituye por población residente, sino por usuarios temporales del territorio que no necesitan comprar productos textiles ni de limpieza ni tampoco alimentación, pues lo consumen en hostelería”, explica Ardura.

La consecuencia de esto es que “arrasan con todo tipo de tejido comercial” y muchas actividades económicas de corte tradicional, como mercados, tintorerías, comercios de ropa o ferreterías, se ven sustituidas por actividades de usos turísticos, que son más rentables. “Enseguida estos locales se convierten en hostelería y en tiendas de suvenires”.