The Big Van Theory: monólogos de ciencia

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Este artículo apareció en una versión mejorada en el suplemento El mensual de 20 Minutos de marzo de 2015.

“Cuando vamos a los institutos a dar una charla hacemos un discurso inicial para animar a los empollones. Les decimos que es una elección muy interesante ser empollón“, explica Javier Santaolalla, profesor de Física en la Universidad de Río de Janeiro y dieciseisava parte de The Big Van Theory, un plantel de biólogos, físicos, matemáticos, químicos, astrónomos e ingenieros que divulgan ciencia con un toque de humor. “A través del humor intentamos conectar con gente que esté menos predispuesta a conceptos científicos. Es un show bastante completo: por un lado conseguimos conectar con los que están más interesados porque, evidentemente, hablamos de ciencia, pero, por otro lado, conectamos también con los menos interesados porque recurrimos al humor”.

El origen de The Big Van Theory está en Famelab, el concurso internacional de monólogos sobre ciencia. Una fórmula importada del Reino Unido por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, FECYT, y el British Council, que celebró su primera edición en 2013. Fue entonces cuando Santaolalla, junto con otros finalistas del certamen y su primer ganador, Eduardo Sáenz de Cabezón, decidieron empezar el proyecto. “Vimos que cada uno de nosotros, de forma individual, había hecho un buen material, y que en España no había nada parecido a monólogos de divulgación con humor. Todos coincidimos en que necesitábamos darle un nuevo enfoque a la ciencia con un espectáculo”. Se juntaron los 12 –más tarde se añadirían cuatro más–, pusieron en común el material y probaron el experimento en Frikoño, la Semana Friki de Logroño. Y funcionó.

El pasado año TBVT llegó a más de 50.000 personas, fue el “año de la consolidación”. Sus miembros tuvieron cerca de 300 actuaciones entre España y Latinoamérica, en teatros, oficinas, escuelas, institutos, universidades, vagones del Metro de Barcelona (!) y centros de investigación, como el CERN, en Suiza, el mayor laboratorio de física de partículas del mundo.

La ciencia en la vida cotidiana

El teorema de Pitágoras, cómo convertir la basura en energía eléctrica mediante la biogeoquímica o explicar las ventajas de hurgar en la materia a escala nanométrica son algunos de los temas de los monólogos. Conceptos que resumidos a su definición científica pueden parecer inaccesibles al principio, pero que se entienden según se avanza en el monólogo. Para Santaolalla, la clave para hacer más comprensible la ciencia no es tanto la elección de los temas como enfocarlos desde el humor y lo cotidiano. “Tratamos de acercar el tema del monólogo al humor del día a día, planteando analogías y referencias a personajes públicos”.

Para el profesor de Física, la divulgación científica rara vez recurre al humor. “Al científico le cuesta cambiar de tono y tirar del humor. Primero, porque no es un lenguaje común entre los especialistas, y, segundo, porque, como científicos, no estamos preparados. El humor no es algo que se prepare en una carrera científica”.

Los monólogos científicos suelen acabar con un turno de preguntas. “A veces es la parte más divertida de la noche, porque al tener que improvisar ante las preguntas sale el verdadero científico”, explica Santaolalla. “Al principio creíamos que esa iba a ser la parte más pesada, pero luego descubrimos que no, que la gente está muy enchufada y que hace muchos comentarios, preguntas de interés científico y hasta apuntes cómicos”. Para el público asistente los temas habituales en esta parte del show suelen ser la carrera científica, el universo, el cáncer o… la grasa.

Humor científico o ciencia humorística

A los componentes de TBVT no les gusta la confusión: no hablan de monólogos de humor sobre ciencia: son monólogos de ciencia con toques de humor. “Primero va el contenido científico, una información que es rigurosa y que está actualizada. El humor es accesorio, es nuestra fórmula para hacer que lo científico sea más accesible. Pero la ciencia va por delante de la risa. Hacerlo de otra forma sería arrojarnos piedras contra nuestro propio tejado”, explica Santaolalla.

Sólo se muestran menos rigurosos cuando hay que etiquetar Si tú me dices GEN, lo dejo todo”, el libro que recopila sus mejores monólogos y que los libreros no saben en qué sección colocar. “Lo hemos visto entre las lecturas recomendadas, en ciencia y también en humor”, explica Santaolalla. “Rompió la barrera de la sección científica y sabemos que se vende muy bien en los aeropuertos”. La obra, publicada a finales del pasado mes de septiembre por La esfera de los libros, ya lleva más de 4.000 unidades vendidas y va por la segunda edición.

Monólogos de divulgación, combinación en alza

Casi todos los componentes de The Big Van Theory han pasado por alguna de las dos ediciones de Famelab en España. Este certamen, la referencia mundial de los monólogos científicos, se creó en 2005 en el Festival de Ciencia de Cheltenham, Reino Unido, una macro exposición científica que se celebra en junio y que combina conferencias, pruebas de prototipos y talleres. El objetivo de Famelab es dar a conocer el trabajo de científicos, ingenieros y matemáticos a través de monólogos de no más de 3 minutos de duración. Desde hace unos años, el certamen superó las barreras de Reino Unido y se celebra en 25 países de todo el mundo. Los ganadores nacionales se enfrentan en la gran final internacional, a principios de junio en Cheltenham. Hasta la fecha, más de 5.000 científicos han contribuido con sus monólogos a la divulgación de la ciencia.

En The Big Van Theory están convencidos de la importancia de la divulgación. “La mejor forma de darle la vuelta a la situación que vive hoy la ciencia en nuestro país es la divulgación”, explica el profesor de Física y miembro de TBVT Javier Santaolalla. “A día de hoy la ciencia no está donde debería estar y esto es, en parte, porque la gente no cree que la ciencia sea importante. Nosotros queremos que la ciencia llegue a la gente, y hay que empezar por ahí. Quizá los políticos del futuro se sienten hoy frente a nosotros en un monólogo y, quizá a través de la divulgación, puedan saber que la ciencia es importante”.


Ciencia para todos los públicos

Los monologuistas científicos de The Big Van Theory explican la ciencia sin renunciar al vocabulario científico, pero haciéndolo más comprensible y cercano. Los conceptos son los mismos, sigue siendo ciencia, pero así se entienden mejor. Por ejemplo, la explicación de qué es un teorema se resume en “una verdad para siempre, siempre, más que cualquier diamante”; el helio, un gas noble, se reconoce al instante al decir que “si lo aspiramos, hablamos como las ardillas de Chip y Chop”. O la epigenética, la ciencia que estudia las partes no visibles de la cadena de ADN, se entiende más fácilmente si se dice que observa lo que hace que, aunque los seres humanos se diferencien sólo en un 0,1% en su composición genética, encontremos personas tan dispares entre sí como Natalie Portman y Falete. “Intentamos que los temas se adecúen al público y al perfil del monologuista. El punto básico desde el que partimos es conocer al público”, explica Javier Santaolalla, físico y monologuista de TBVT.