El profesor universitario ante el cambio

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El profesor universitario es el segundo profesional mejor valorado por los españoles, tras el médico. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre valoración de profesionales, que data de febrero del pasado año, otorga al profesor universitario un notable75,16 sobre 100.

«La carrera del profesor universitario es complicada», expone Edgar Martínez, presidente de la Junta de personal docente e investigador de la Universidad de Valladolid. «Es una carrera difícil, con muchos obstáculos que, cuando algunos políticos nos evalúan, olvidan mencionar y solo se centran en las horas o los sueldos».

«A los profesores, como a los alumnos –prosigue Martínez– no se nos tiene en cuenta en las decisiones que afectan al sistema universitario, y quizá sea este uno de los motivos por los que damos tantos bandazos». Para el profesor Martínez, los resultados de PISA o los ‘rankings’ internacionales tienen más peso en la toma de decisiones que lo que ocurre realmente en las universidades españolas.

«Yo no me considero muy representativo porque los ‘rankings’ me dejan bastante frío —confiesa Rafael López, profesor de Química de la Universidad Autónoma de Madrid—. En mi caso, que dedico la mayor parte del tiempo a la investigación, la docencia me interesa. Me resulta muy gratificante la cara de un estudiante cuando entiende algo».

La vocación es importante

«Lo fundamental es la ilusión por enseñar. Y es difícil mantenerla a veces, porque por una parte tienes la sensación de que el estudiante está aquí como obligado, y eso desmotiva bastante. Y supongo que también los estudiantes perciben al profesor como alguien que va allí, suelta lo que tenga que soltar y hasta luego», explica López.

La mayoría de los profesores consultados reconocen la incompatibilidad de los planteamientos del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) con la universidad española actual. Las clases interactivas son complicadas por el alto número de alumnos, que impide su seguimiento personalizado. Además, reconocen, buena parte de Bolonia se fundamenta en recursos técnicos, sobre todo pantallas y sistemas audiovisuales, que muchas veces no están disponibles en las universidades públicas. Casi todos resumen la situación del siguiente modo: menos profesores, más inestabilidad laboral para los profesionales no funcionarios, menos medios técnicos y más alumnos para cada profesor.

Pero también hay autocrítica. Para Edgar Martínez, profesor de Matemáticas en la Universidad de Valladolid, «los docentes tienen que tener un trato más personalizado con los alumnos y también mejorar en el manejo de nuevas tecnologías».

Para Javier Oubiña, profesor de Derecho y ADE en la UAM, «los profesores más jóvenes tienden a adaptarse mejor a las tecnologías en el aula. Eso sí, los usos más habituales son sustituir las acciones cotidianas de antes, como colgar los apuntes de clase, publicar calificaciones o recibir ejercicios que antes se entregaban en mano. Creo que aún no se están explotando funciones más avanzadas, como los chats en directo o las videoconferencias».

Para Alejandro Ballesteros, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Santiago de Compostela, «conforme los profesores vayan dejando inercias atrás, las cosas irán cambiando. Porque cuando el profesor se implica más, los alumnos lo agradecen».


Este artículo se publicó en sendas versiones mejoradas en Gonzoo y en 20 Minutos, dentro de una serie de reportajes sobre la universidad española.