La industria musical, a tortas con YouTube

Este artículo sobre Youtube y el streaming musical en el mundo apareció primero en una versión mejorada en AHORA.

El descenso en las ventas físicas y la mejora de las digitales, tanto canciones descargadas como streaming de pago, han llevado a la industria musical a dejar de bizquear entre lo físico y lo digital para concentrarse directamente en el mercado de Internet. Sólo en 2015, la aportación del streaming aumentó un 45%, y ya supone el 43% de todas las ventas digitales, según el último informe de la International Federation of the Phonographic Industry (IFPI), la asociación mundial de la industria de la música grabada. Por el contrario, las descargas digitales volvieron a caer, esta vez un 10,5%, y lo mismo las ventas físicas, que perdieron un 4,5%. El entusiasmo con el que la industria musical ha recibido al streaming ha sido tal que ha eclipsado incluso el aumento del 3% en los ingresos totales en 2015, la primera subida en más de 10 años de pérdidas.

Las plataformas de streaming alcanzaron en 2015 los 68 millones de usuarios de pago, el triple que hace cuatro años. Para Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, la asociación de productores de música de España, es una «magnífica noticia, porque hace que la gente se olvide de la piratería, que ofrece menos calidad y más complicación que las plataformas de streaming». Para Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, «el éxito de Spotify [la plataforma de streaming más popular] ha terminado con el discurso de que la gente sólo descargaba música ilegalmente y que no la compraba».

El aumento de los usuarios de pago en plataformas de streaming es la cara más amable. La otra es que ninguna plataforma es rentable hoy. Ni siquiera Spotify, la más popular, con 40 millones de suscriptores de pago deja de perder dinero: el año pasado perdió 164 millones de euros. Pese a esto, la industria musical se muestra esperanzada. «Vamos de revolución en revolución», explica Guisasola, de Promusicae. «Hace 7 años nos planteábamos que la descarga era el modelo definitivo y resulta que aparece una herramienta que es más cómoda aún. Hemos sido capaces de pasar de la propiedad al alquiler, y creo que, aunque puede dar un poco de vértigo no poseer, sí es más cómodo tener el acceso permanente a la mayor biblioteca de música que ha existido».

Sin embargo, una dificultad que habrán de superar las plataformas de streaming es darle la vuelta a la regla mundialmente aceptada del 80/20, que distingue entre escuchantes ocasionales y compradores de música. En España, según la Encuesta de hábitos y prácticas culturales 2014-2015, elaborada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el 63% de los españoles no compra música nunca o casi nunca, el 22% compró hace más de un año y el 15% compró música hace menos de un año. La reticencia a la compra se explica por dos razones: la música que la persona quiere oír la oye por radio o por televisión, y los CD, DVD o Blue-Ray son caros.

Tendencias de consumo aparte, el entusiasmo por el streaming es compartido por todas las discográficas. Pero si un aliado es capaz de reunir apoyos, todavía consigue más un enemigo común. Con un fervor que ya no se recordaba desde la campaña de acoso y derribo contra Napster a comienzos de los 2000, prácticamente toda la industria musical comercial, y algún sello independiente, han identificado cuál es su nueva némesis, que no es otra que la mayor plataforma de streaming del mundo, YouTube.

Youtube, enemigo nº 1

Una de las razones que enfrenta a la industria musical con YouTube, aunque no la única, como se verá más adelante, es que las discográficas acusan a la compañía de Google de que quita usuarios a las plataformas de streaming. Según el informe Music Consumer Insight Report 2016, realizado por Ipsos para la IFPI, el 82% de los 1.000 millones de usuarios de YouTube lo usan para escuchar música. Preguntados los usuarios por las razones, el informe afirma que un 49% lo hace porque es gratis, un 32% porque escucha música que no va a comprar y un 27% para probar antes de comprar.

Para la industria musical, estos datos no dejan muchas posibilidades de que un usuario que escucha música gratuitamente en YouTube decida pagar por un servicio de streaming, no ya comprar una copia digital. YouTube se defiende de esta acusación aludiendo que, según sus propios datos, los usuarios que escuchan música lo hacen alrededor de una hora al mes. La industria no se cree esa cifra. El intercambio de informes y datos prefabricados sobre los hábitos de los espectadores de YouTube es constante entre las discográficas y la propia compañía. Pero sí existe una fuente con datos públicos y comprobables que puede dar pistas sobre hasta qué punto son populares los contenidos musicales en YouTube: su propia lista de vídeos más populares, en permanente actualización. Durante la realización de este reportaje, de los 500 vídeos de YouTube más vistos, 449 eran videoclips, el 90%.

Además de reducir el número de compradores y suscriptores a plataformas de streaming, la industria musical también culpa a YouTube de aprovecharse de un limbo legal que le supone ventajas competitivas sobre las plataformas de streaming. La causa de este limbo legal se debe a los puertos seguros o safe harbors, un marco de protección que se encuentra presente en dos leyes promulgadas casi al mismo tiempo: la estadounidense Digital Millennium Copyright Act (DMCA), promulgada en 1998, y la Directiva 2000/31/CE sobre comercio electrónico, del año 2000.

Los llamados puertos seguros tenían diversas aplicaciones orientadas a potenciar el florecimiento de la sociedad digital, pero la ventaja que mantiene hoy en vilo a la industria musical es que limitaban la responsabilidad de los proveedores de servicios en Internet por las consecuencias derivadas de las acciones de sus usuarios. Esta ventaja garantizaba que, si un usuario subía un contenido protegido con derechos de autor a una plataforma, la plataforma que alojara el contenido no tenía ninguna responsabilidad legal, sino que ésta era exclusivamente del usuario. Esta ventaja se aplica hoy a YouTube, pero no a las plataformas de streaming musical, que sí tienen responsabilidades legales sobre los contenidos que alojan.

«Los puertos seguros tienen sentido en sitios como Dropbox, que se limitan a alojar archivos. Pero YouTube no es neutral, sino que hace comunicación pública y se enriquece con ella», explica Antonio Guisasola, de Promusicae. Para Víctor Domingo, de la Asociación de Internautas, «esta crítica [a YouTube] es la misma que se hizo aquí cuando se promovió la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico [LSSI, 2002], que bebe de la europea. El proveedor de servicio no es responsable de los contenidos que se alojan ahí. YouTube tiene razón en el sentido de que ellos no son responsables de lo que suben, aunque sí tienen que señalar qué usuarios suben contenidos ilegales. Es cierto que hay una responsabilidad, pero es de los usuarios», explica Domingo.

Pero existe un matiz que la industria musical insiste en recordar cuando se habla de plataformas que alojan contenidos: YouTube explota publicitariamente los contenidos que aloja, cediendo los vídeos como espacios publicitarios donde insertar anuncios, como banners y otros vídeos. Sean vídeos subidos por las discográficas o por terceros que no tienen los derechos, YouTube gana dinero con estos vídeos. Y, lo que aporta un punto de incredulidad al conflicto, las discográficas también.

El robot vigilante de YouTube

Content ID es un software de YouTube que vigila que cualquier contenido que se suba a la plataforma no infrinja la propiedad intelectual. Rastrea cada subida para cerciorarse de que lo que sube cualquier usuario no esté protegido con copyright. Si da con un contenido protegido, y quien lo sube no tiene los derechos, informa automáticamente al propietario de los derechos, la discográfica en la mayoría de los casos, para que actúe en consecuencia.

Detectada y comunicada la infracción, la discográfica puede: 1) bloquear el vídeo, eliminándolo; 2) monitorizar los datos del vídeo, lo que permite que siga reproduciéndose a cambio de que la discográfica tenga acceso a datos de navegación de sus espectadores (el grado de detalle de estos datos permanece en secreto); y 3) monetizar estos vídeos. Según palabras de un portavoz de YouTube en declaraciones a Ahora, las discográficas deciden monetizar el 95% de los vídeos notificados por Content ID, esto es, de aquellos vídeos que fueron subidos por un usuario que no tenía los derechos. Para el presidente de Promusicae este porcentaje mayoritario se debe a que el Content ID permite eliminar la canción en el momento, pero rápidamente se vuelve a subir. Al final, «la discográfica se rinde y decide monetizarlo», explica Guisasola.

Monetizar un vídeo en YouTube consiste en que la discográfica cede el vídeo como espacio publicitario para que YouTube lo venda a una empresa que quiera anunciarse, bien introduciendo un vídeo antes de que se reproduzca o con un banner. Por ejemplo, un vídeo de una boda con una canción de Rod Stewart, subida sin tener los derechos, puede cederse a una empresa que quiera colocar un anuncio sobre viajes de luna de miel. El anuncio puede insertarse en forma de vídeo para que se reproduzca antes que el de la boda o como un banner que surja en la parte inferior de la pantalla. Por ceder este espacio, la discográfica gana dinero, al igual que YouTube. Quien no suele ganar es el usuario que sube el vídeo sin tener los derechos de uso de la canción. Aunque el vídeo sea suyo, si usa una canción protegida, queda eliminado del reparto de los ingresos que suponga la monetización de su vídeo; el dinero se lo reparte YouTube y la discográfica propietaria de los derechos. YouTube paga a las discográficas aproximadamente el 50% de sus ingresos por la explotación publicitaria de los vídeos musicales. Es un porcentaje fijo que depende de lo que YouTube ingrese: cuantos más vídeos monetizados haya en la plataforma, más ingresa YouTube y también la discográfica propietaria de los derechos.

Campaña de famosos

Sabedores o no de que las discográficas explotan publicitariamente 9 de cada 10 vídeos con contenido protegido en YouTube, más de 1.000 artistas han pedido a los gobiernos que protejan sus derechos y que les ayuden a recibir una remuneración justa. Se quejan de que YouTube paga mucho menos a las discográficas por usar su música que lo que pagan las plataformas de streaming, y culpan de ello la posición de poder que tiene la compañía de Google gracias a los puertos seguros. Entre los artistas demandantes hay para todos los públicos: Taylor Swift, Lady Gaga, Beck, Pearl Jam, Paul McCartney, George Benson, The Black Keys, Cher, Chick Corea, U2 o Rod Stewart, además de Alejandro Sanz, Joaquín Sabina o Camilo Sesto, entre cientos de artistas más.

Esta campaña de caras conocidas no llega al azar, sino que coincide con dos momentos importantes para el mercado musical en Internet: 1) la firma de los nuevos contratos de licencia de uso entre las discográficas y las plataformas de streaming, lo que también incluye a YouTube; y 2) la apertura del debate sobre los puertos seguros, tanto entre los legisladores estadounidenses como entre los europeos. En EEUU, la United States Copyright Office está estudiando la DMCA en estos momentos, y sus conclusiones se sabrán próximamente. En Europa se acaban de sentar las bases para un cambio legislativo de los derechos de autor dentro de la configuración del Mercado Único Digital. En palabras del comisario Andrus Ansip recogidas por Billboard, «Esto no es sólo acerca de los propietarios de los derechos y los creadores y la remuneración (…) también se trata de la igualdad de condiciones entre los diferentes proveedores de servicios».

Con el debate abierto acerca de los puertos seguros y las remuneraciones tanto en Europa como en Estados Unidos, es probable que el mercado musical digital sufra varias revoluciones más antes de terminar la década. De momento, ya están apareciendo algunos fenómenos extraños: como la página 14 del informe anual de la IFPI en español, donde Napster, como ha sido rebautizada la plataforma de streaming Rhapsody, publica un anuncio donde dice Gracias, 15 años transmitiendo música; o Youtube Red, la plataforma de streaming del gigante californiano, todavía no disponible en España, que ofrece algo muy parecido a cualquier plataforma de streaming y, sí, sin rastro de publicidad.

La industria musical dice que YouTube paga poco

Las plataformas de streaming, YouTube incluída, pagan a las discográficas por el uso de sus canciones. Las cantidades no suelen publicarse, pues prima el secreto, pero de vez en cuando aparecen algunas cifras. El dato más extendido viene de la International Federation of the Phonographic Industry (IFPI) y enfrenta los ingresos anuales provenientes de las plataformas con suscripción de pago (1.783 millones de euros) contra los ingresos que aporta la publicidad en plataformas gratuitas (565 millones). Plataformas de streaming vs. YouTube, básicamente. Para hacer más notable el contraste, la IFPI destaca que la primera cantidad corresponde a 68 millones de suscriptores, que son los usuarios de pago que tenían las plataformas de streaming cuando se recopilaron los datos el año pasado; y la segunda cantidad corresponde a los usuarios de YouTube que lo usan para escuchar música, en total 900 millones de usuarios. La conclusión de la comparativa es que las plataformas de streaming reúnen a menos usuarios pero pagan más, y YouTube cuenta con más usuarios y paga menos.

En detalle, la IFPI hila más fino y publica que Spotify paga por usuario 16 euros a la industria musical, mientras que Youtube paga menos de 1 euro. Fuentes de YouTube niegan que esta cifra sea real y recuerdan que YouTube ha pagado más de 2.675 millones de euros a las compañías discográficas desde 2007, exactamente la misma cantidad que desde Spotify dicen que han pagado desde 2009.