Gaby Ruiz: «Para contar historias sobre fútbol hay que ir al campo lo antes posible»

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Esta entrevista apareció en una versión mejorada en el número 39 de la revista Periodistas.

 

Gaby Ruiz es una de las voces más respetadas y reconocibles del periodismo futbolístico en España. Periodista por la Universidad San Pablo CEU, en los 90 se inició en la profesión en los micrófonos de Antena 3 Radio Alcalá de Henares, practicó en Marca y formó parte del equipo de El Día Después y de Informe Robinson, entre otros programas. Fue delantero y centrocampista ofensivo en equipos juveniles, y hoy comenta partidos y comparte plató y redacción con Michael Robinson y Julio Maldonado, Maldini, junto con Santi Segurola, sus tres referencias para la profesión. Se confiesa tan entusiasta del fútbol que estructura su vida en Mundiales y Eurocopas y, aunque es autor de algunos de los reportajes televisivos más originales e innovadores sobre el mundo futbolístico, no guarda ninguna historia pendiente y lo que más le apetece ahora es ver partidos y cubrir en directo los principales eventos futbolísticos.

¿En qué momento decidiste ser periodista?
No recuerdo el año exacto, lo que sí recuerdo es que yo hasta el último momento intenté ser futbolista, porque mi gran pasión era jugar al futbol. Y cuando entendí que no podía serlo, que no podría llegar a serlo porque no tenía el talento necesario o porque no tuve la suerte necesaria, es cuando decidí que quería dedicarme a lo que más me permitiera acercarme a mi pasión. Y elegí ser periodista futbolístico, más que periodista deportivo, pues el fútbol es el único deporte que siento que puedo hablar de él, el resto de deportes no existen demasiado en mi cabeza.

¿Y por qué escogiste periodismo y no otra profesión relacionada con el fútbol?
No sé por qué periodismo. Probablemente me gustaba la idea de poder comentar el fútbol en un momento dado o de poder narrarlo; cuando lo decidí no sabía si quería ser comentarista o narrador, podía ser las dos cosas. Me gustaba esa idea pero en el fondo tenía la pequeña amargura de que lo que yo realmente quería no iba a poder ser; eso me quedará para siempre. Periodismo fue mi vocación suplente, pero salió bien y la verdad es que no me puedo quejar.

Formaste parte del equipo de El Día Después, programa para el que tenías que elaborar un reportaje cada jornada. ¿Cómo te enfrentaste a ello?
Eso era durísimo. Te daban un billete de avión y una cámara y te decían: «Tráeme una historia de allí». Ése es uno de los mayores retos que puede tener un periodista deportivo. Pero eso era exactamente lo que fue El Día Después: tú elegías un partido del domingo, pues el sábado trabajaba en otro programa, ibas allí con una cámara y buscabas historias para contar el lunes. A veces te ponías a pie de campo, a veces en la grada, a veces te quedabas fuera. Pero con el paso de los años las cosas empezaron a estar vistas, y cada semana el reto era mayor. Ese esfuerzo de creatividad para mí era muy duro. Estuve cuatro años haciéndolo y fue un entrenamiento buenísimo para aprender a contar historias en la televisión.

Sobre el terreno, ¿cómo buscabas las historias?
Una vez llegaba al campo, se producían todas las cosas que son rutinarias en un partido: 2 horas antes del comienzo del partido ya podías recoger la acreditación, 1 hora y 45 minutos antes empezaban a llegar los autobuses con los equipos, luego llegaba la gente y la grada se empezaba a llenar… Todo era rutina pura, y tú tenías que encontrar algo dentro de toda esa normalidad, la pepita de oro en el río. Y la verdad es que a fuerza de intentarlo y de devanarte la cabeza, la mayoría de los lunes toda la gente que trabajábamos en El Día Después conseguíamos un vídeo y una historia que contar.

¿Desarrollaste algún tipo de automatismo?
Sí, lo primero que hacía para buscar una historia era leer la prensa local. Llegar a donde fuera, a Vigo, Sevilla, Cádiz, Valencia… y leer la prensa local a ver si había alguna historia alrededor del partido. Recuerdo una vez que tenía que cubrir un partido del Alavés en Vitoria y que, antes del día del partido, leí que el equipo, después de una racha de derrotas, se había concentrado en un monasterio. Ya tenía la historia. Cogí el coche, fui para allá y estuve entrevistando a los sacerdotes.

¿Y alguna otra táctica para encontrar historias?
Ir al campo lo antes posible. Muchas veces los cámaras me decían «Oye, que es un poco pronto», pero les pedía que me hicieran el favor. A mí me gustaba ir con tiempo por lo que pueda pasar.

¿Qué equipo de personas cubríais esas historias?
Éramos dos. Cámara y redactor. El realizador sólo lo llevábamos cuando había que hacer algún reportaje más extenso.

Has trabajado en radio, en prensa y en televisión, ¿qué medio crees que es el mejor para hablar de fútbol?
La televisión, porque me permite hablar de algo mientras yo mismo y quien me escucha lo estamos viendo a la vez. El espectador y yo no compartimos el espacio físico, pero vemos lo mismo. Eso me gusta mucho de la televisión. La radio es un buen lugar para hablar de fútbol, de ideas y de ideologías futbolísticas, que las hay. Pero para hablar de fútbol puro, de lo que a mí más me gusta, que es entender lo que pasa en un partido y por qué un equipo gana, para eso, la televisión es lo mejor.

¿Qué papel dejas para la prensa escrita?
Yo creo que es el soporte ideal para la previa de un partido, donde mejor se pueden plasmar todos los preparativos tácticos y futbolísticos que se hacen antes de un partido. La prensa escrita tiene una importancia vital. Yo siempre la consumí. Desde que empezaron a caer cinco duros en mi bolsillo me los gastaba en comprar el As, el Marca y, cuando podía, La Gazzetta dello Sport, que era mi gran pasión: poder leer sobre fútbol italiano. Yo no concibo la pasión futbolística sin el periódico escrito, donde te informas de todo, ves lo que hace tu equipo y lo que deja de hacer. Yo creo que es consustancial el fútbol a la prensa escrita, no se concebiría una cosa sin la otra.

En 2007 viajaste a Rosario y Buenos Aires para hacer un documental sobre la infancia y el entorno de Messi. ¿”Los orígenes de Messi” sigue siendo tu reportaje favorito?
Sí, sigue siéndolo. Yo a Messi le vi jugar antes que la gran mayoría de la gente en España. Le vi en el Mundial Sub-20 que se disputó en Países Bajos, en 2005. Entonces nadie le conocía, pero en ese momento, cuando le ves jugar dices «¡Madre mía lo que hay aquí!». Y ya como apasionado del fútbol te emociona ver a un jugador así. En esa época yo hacía un programa con Juan Carlos Nieto que se llamaba Contrarreloj, y ya pude poner imágenes de Messi y decirle a la gente «Fíjense en lo que tiene el Barça en su cantera. Está jugando el Mundial Sub-20 con Argentina pero miren qué maravillas hace». Yo tuve la suerte de hacer eso en 2005 y cuando ves que ese fenómeno sigue creciendo, rápidamente te apetece hacer más cosas. En ese caso yo también sabía que tenía una historia personal digna de ser contada así que me moví e hice un reportaje al que tengo un cariño especial. Fue un trabajo periodístico, tanto mío como de otras personas, muy bonito.

¿Cómo fue la gestación del reportaje?
La gestación dependió totalmente de mí. Yo lo único que necesitaba era tener la seguridad de que Canal Plus iba a poner los medios para poder hacerlo: que me iba a comprar el billete de avión y que me iba a mandar con un cámara y con un realizador a Argentina. En cuanto tuve esa seguridad empecé a trabajar en el reportaje, pero en mis ratos libres, pues mi trabajo me llevaba toda mi jornada laboral. Me quedaba por las noches y me las pasaba leyendo. Lo primero que hice fue conseguir la biografía que Mundo Deportivo había publicado sobre Messi, lo que no fue fácil. La compré en una tienda de segunda mano y la devoré en un día o dos. Mientras la leía fui subrayando todas las personas que a mí me apetecía entrevistar.

¿Planeaste las entrevistas desde España?
Dediqué dos o tres semanas a llamar. Me quedaba por las noches en la redacción de Canal Plus, con gran comprensión por parte de mi mujer, y aprovechaba el cambio horario para las llamadas; a veces me quedaba hasta las 3 o las 4 para pactar las entrevistas. Y menos mal que me quedé en la redacción, porque si no, las facturas telefónicas me habrían matado…

Y con todo pactado, te fuiste a Argentina.
Me desplacé a Argentina con un realizador fantástico, Román Escoda, y con un gran cámara como Romano [Aticus], y allí estuvimos una semana entre Buenos Aires y Rosario grabando de todo: entrevistas, lugares, colegios… de todo.

¿Cómo ves el periodismo deportivo en España?
Creo que hay un exceso de oferta informativa. La información deportiva en general, y el fútbol en particular, atraen mucho a la gente y tienen una gran aceptación, pero creo que la oferta informativa ha crecido tanto que ahora hay un exceso. Y cuando se llega a esa situación de exceso de oferta te puedes encontrar con estilos que buscan llamar la atención de cualquier manera, a lo mejor generando polémicas donde no las hay o exagerando las que ya hay. Para mí es una cuestión de supervivencia de los medios: cada uno con lo suyo trata de captar la atención para sobrevivir, bien a través de la audiencia o bien a través de abonados, como es el caso del medio en que yo trabajo [Canal Plus]. Creo que la situación se terminará regulando, que el exceso de oferta terminará o que se redimensionará en función de la demanda real de información deportiva.

Pero sorprende ver que, dentro de las distintas opciones para atraer a la audiencia o a los abonados, lo que prima es lo anecdótico y lo superficial…
Por una razón muy sencilla: porque nosotros podemos hacer lo que hacemos porque vivimos de nuestros abonados. Por el tipo de periodismo que nosotros hacemos, con reportajes más pausados, más tranquilos, si nosotros dependiéramos de cuánta gente nos ve, a lo mejor no podríamos hacerlo. Porque a lo mejor no hay tanta gente dispuesta a vernos.

¿Por qué crees eso?
Hay que ser realistas. Lo que voy a decir no es peyorativo en absoluto, sino descriptivo: nosotros trabajamos para mucha gente que más que el fútbol lo que ama es a su equipo. La gran mayoría de los aficionados sólo ve los partidos de su equipo, como mucho de la Selección, y a lo mejor un gran partido en el que no juega su equipo. La gente que consume lo que hacemos en su gran mayoría no ama el fútbol en sí, sino a su equipo, y estas personas buscan otro tipo de contenidos. Estas personas disfrutan más si ponen un debate encendido antes de irse a dormir que si ponen el canal para el que trabajo y estamos dando un reportaje sobre la cantera del Ajax de Ámsterdam, por ejemplo.

¿Crees que acercar el fútbol a través de reportajes distintos puede alejar la imagen frívola que mucha gente pueda tener de este deporte?
Las frivolidades las cometen un mínimo porcentaje de la élite de futbolistas, sólo unos cuantos de los más populares y los más histriónicos que a todos nos vienen a la cabeza. Yo no veo nada frívolo en el fútbol. Es más, creo que la profesión del futbolista es muy dura cuando se desempeña con profesionalidad, y requiere de un montón de renuncias de chicos de entre 18 a 35 años, que son los años en que todos, más o menos, hemos hecho un poco lo que nos ha parecido. Creo que la profesión de futbolista es más dura de lo que parece, que sólo nos fijamos en los que más ganan un poco para desprestigiarla pero hay un montón, miles de futbolistas, que no ganan tanto dinero y que tienen una vida igual de sacrificada. Yo siempre reivindico el sentido de la profesión de futbolista.