Fact checking: el filtro contra la desinformación

Someter las declaraciones de un político al detector de mentiras no es nuevo. Sí es más reciente que las labores de verificación de hechos (o fact checking) no las haga un medio de comunicación sino a una plataforma online independiente.

Es el caso de la argentina Chequeado, una de las más de 160 plataformas de verificación que existen ahora mismo en el mundo. Y la primera en español. Desde 2010 comprueba si políticos, funcionarios, empresarios, sindicalistas y cualquier personaje reconocible e influyente dicen la verdad en sus declaraciones públicas.

También identifica y rastrea noticias falsas.

¿Toda declaración debe ser verificada? “No todos los temas son relevantes”, explica Laura Zommer, directora de Chequeado desde hace casi siete años. Tiene que ser una declaración factual, que haga referencia a un hecho o a un dato comprobable, no una opinión, una exageración o un recurso retórico.

En Chequeado repasan diariamente todos los discursos políticos relevantes, sesiones parlamentarias incluidas. A esta información suman la lectura de 30 medios, en papel, web, radio y televisión. Cada día de la semana.

Pero esta lectura no la hacen ojos humanos, sino un bot. Chequeabot es un programa cuya inteligencia artificial rastrea toda declaración potencialmente verificable. El bot no sólo busca en miles de líneas de discursos, entrevistas y citas, sino que escucha las declaraciones en radio y televisión y las convierte en texto.

Que las declaraciones estén en texto es esencial porque Chequeabot relaciona lo que está leyendo con los más de 2.000 comprobaciones del archivo de Chequeado. El objetivo es categorizar las declaraciones para que el equipo humano pueda gestionar y filtrar lo que es verificable y lo que no.

Para aprender a separar las frases verificables de la pura retórica, Chequeabot pasó un año estudiando, poniendo en práctica el machine learning. “Todos los días, un humano alimentaba al bot con chequeos y confirmaba su precisión al chequear; hoy casi no se equivoca. Pero la calificación de la declaración la hace el equipo de Chequeado. Los matices de las nueve categorías todavía son muy humanos”, explica Zommer.

Las mentiras no circulan tan fácilmente por todas las redes sociales

Cuenta Zommer que a partir de 2014 descubrieron contenidos que se difundían rápidamente en redes sociales y cuyo origen era desconocido. Crearon entonces la sección ‘Falso en las redes’, donde empezaron a trabajar con “lo que después el mundo llamaría fake news o desinformación”.

No es del todo cierto que las mentiras recorren las redes sociales sin barrera alguna. Cada red social es diferente. Basta echar un vistazo a Twitter para comprobar la vida tan corta que tienen los bulos que se mueven por ahí y lo rápido que son desmentidos.

En Facebook se tarda más en descubrir la mentira, bien porque estos contenidos no llegan tan lejos (Facebook es una red social cerrada, no como Twitter), bien porque no es habitual que los contenidos que circulan en esta red se topen con ojos escépticos.

Las cámaras de eco funcionan muy bien en Facebook, donde es complicadísimo que un contenido contrario a tus convicciones aparezca en tu muro. Esta barrera la levanta Facebook y la memoria estrecha de miras de su algoritmo. Un ejemplo facilón: si compartes noticias que apoyan una teoría de la conspiración cualquiera, o valoras con me gustas las que comparten tus amigos, el algoritmo interpretara que no quieres oír hablar de posturas contrarias a dicha teoría, así que no las podrás ver en tu muro aunque tus propios contactos las compartan.

Algo parecido ocurre en WhatsApp, donde la selección de lo que lees no depende de un algoritmo, sino de tu libre albedrío; tú eliges a quién leer y en qué grupo meterte. Si con Facebook el filtro de la sospecha está bajo mínimos porque Fulanita de la universidad está muy bien informada y sólo comparte verdades como puños, en WhatsApp el escepticismo es excepcional porque quien te envía la noticia falsa es tu madre, tu hermano o tu compañera de mesa.

“La preocupación por WhatsApp es una de las constantes entre los factcheckers”, explica Joaquín Ortega, director de contenidos de Newtral, una “media start-up” cuya plataforma online verifica discursos y bulos. Newtral también funciona como productora de programas de televisión como El Objetivo y ¿Dónde estabas entonces?

Para Ortega, “WhatsApp es una vía de comunicación privada en la que no sabemos qué se comparte y no podemos intervenir. Es la gran fosa abisal de las mentiras.”

Este artículo continúa en Telos.