Entre 124, 600 y SIMCA 1000: V ClassicAuto Madrid

ClassicAuto Madrid se celebró del 12 al 23 de febrero de 2014.

Lo que sigue es una versión ampliada del artículo sobre el V ClassicAuto Madrid que apareció en su día en Gonzoo.

Fuera del Palacio de Cristal, un cubo gigante con los vidrios tintados, hay varias hileras de coches brillantes. Hay más en el interior. Son los mismos modelos clásicos que recorrían las calles y carreteras de la posguerra española: Seat 124, Renault R8, 600, varios Mini, SIMCA 1000. Algunos mirones acercan su cara a los coches para valorar su grado de conservación. Los más flexibles se agachan y miran sus intimidades. Es ClassicAuto Madrid.

El V Salón Internacional del Vehículo Clásico, ClassicAuto, reúne cuatro públicos distintos. Están los mirones, que vienen a fotografiar los coches y a enfurecer a los vendedores de recambios. Están los compradores de automobilia, que vienen a comprar miniaturas y a enfurecer a los vendedores de recambios. Están los compradores de recambios, que vienen a enfadarse con los vendedores de recambios. Y están los compradores de vehículos, que son invisibles. El comprador de coches de ClassicAuto puede ser, según me dice un vendedor para particulares, desde un jubilado que «quiere lucirse» a un padre de familia que busca un segundo coche, sin olvidar a aquellos que compran coches como quien compra suelo rústico en la costa. Le pregunto si ha cerrado alguna venta y me dice que todavía no.

Para el personal del expositor del Club Lancia España, la feria está orientada a los compradores de recambios. ClassicAuto parece una buena oportunidad para encontrar piezas difíciles de conseguir. Una de las ventajas de los coches clásicos sobre los modernos es que sus interiores no engañan, sus piezas no forman parte, como en el caso de los vehículos modernos, de un rompecabezas electrónico donde un cambio interno suele ir seguido de una visita al taller. Un aficionado mañoso y con conocimientos puede encargarse de no pocas correcciones y ajustes.

Lejos de los coches de exposición se agolpan varios puestos con sus mercaderías. Es un zoco del automóvil. Hay piezas de recambio, matrículas, señales, insignias, llaveros, camisetas, guantes, posters, tarjetas. Y miniaturas. Entre coches a escala pasea un hombre como si siguiera un rastro. Es conductor de camiones, hijo de conductor de camiones. Colecciona miniaturas y está buscando la número 323 de su colección. No busca un modelo concreto, sino uno que le sorprenda. «Arreglé mi 600 completamente», explica sin avisar del cambio de escala. «Es un coche muy simple, que se puede tocar. Como mi 124, que arreglé hasta donde pude», dice mientras busca fotos de sus coches en su móvil. «Es difícil explicar por qué los clásicos son especiales: son más difíciles de conducir, estás más limitado por el coche, tienes que jugar más en la conducción, tener cuidado de que no se caliente…», me dice mientras hace tiempo para que carguen las fotos de su teléfono.

«Los coches clásicos llaman la atención por sus formas sinuosas, porque son pequeños», explican desde el expositor de la Fundación Barreiros, fabricantes del popularísimo SIMCA 1000. El modelo más antiguo de los tres que se exponen tiene el cambio en el volante y los faros cuadrados. Tiene más de 50 años y está valorado en unos 10.000 euros. También hay un modelo descapotable blanco. «Es único, no hay más». Es el coche con el que las visitas de relumbrón paseaban por la factoría Barreiros de Villaverde (Madrid), una de las fábricas de coches más importantes durante la posguerra. El descapotable blanco no está en venta y eso que hay ofertas «extravagantes». ¿Cuánto es una oferta extravagante?, pregunto. Nada de números.

Muchos de los coches clásicos que están aparcados fuera del Palacio de Cristal son heredados. «Yo heredé el 124 de mi padre», cuentan desde el expositor del Club Nacional SEAT 1430, 124, 124 Sport. «El 124 es el primero que usé, con el que me iba por ahí cuando me lo dejaba mi padre. Los clásicos de los 30 y 40 no me gustan, no me dicen nada. Se trata de que te digan cosas, como a mí el 124».

Para los amantes de los clásicos, los coches modernos no ofrecen misterio. Los más extremistas los llaman «lavadoras», pues los consideran «electrodomésticos que te llevan». Los coches modernos ganan en regularidad y comodidad a los clásicos, pero no en «carácter». Salvo el chasis, dicen, todo lo demás es más de lo mismo.