Alcoholismo funcional: la dependencia que no se nota

El 5% de la población española tiene un consumo de alcohol de riesgo.

Este artículo sobre alcoholismo funcional apareció primero en bez.es.

El 5% de los españoles entre los 15 y los 64 años consume alcohol de forma arriesgada, es decir, bebe más de tres latas de cerveza al día si es hombre, dos si es mujer, o más de dos copas (hombre), una (mujer). Este 5% representa a 1,6 millones de personas: 1,3 millones de hombres; 300.000 mujeres. Son datos del Observatorio español de las drogas y las toxicomanías, publicados en su último informe, con cifras de 2013. Este mismo informe señala que el número de admisiones a tratamientos por abuso o dependencia de alcohol en 2013 fue de 28.652 personas, un 1,8% del total de la población con consumo de riesgo. Dentro del inmenso porcentaje de bebedores que no son tratados se encuentran aquellos que no pasan por la consulta médica porque no tienen problemas derivados del alcohol o porque no los detectan, un perfil de alcohólico que se conoce popularmente como alcohólico funcional.

«La medicina no reconoce la etiqueta de alcohólico funcional, es una cuestión más popular que clínica», explica Gabriel Rubio Valladolid, profesor titular de Psiquiatría en el Hospital universitario 12 de Octubre. Para el profesor, cuando una persona acude a la consulta porque tiene problemas con el alcohol, lo hace porque se ha dado cuenta de que algo no va bien en su organismo, en sus relaciones sociales o en su trabajo. Si no detecta ningún problema, ni acude al médico ni deja de beber.

El alcohólico funcional −usaremos el término por claridad− no cumple todos los criterios de dependencia, pero sí dos de los más importantes: bebe de forma consciente para conseguir los efectos que provoca la bebida y reconoce que hay situaciones en las que es incapaz de no beber. Para el Dr. Rubio, «el sujeto sabe que hay una relación de dependencia entre él y el alcohol, pero de momento no le da problemas. El hígado está bien, tiene trabajo y en la familia no le notan nada raro».

Fase de transición hacia la dependencia

La fase de alcoholismo funcional suele darse antes de los 30, pero también en algunos enfermos de más edad que acaban de superar un tratamiento y retoman la bebida poco a poco. En la mayoría de los casos, es el paso previo a una dependencia seria.

En España el consumo de alcohol comienza entre los 13 y los 15 años. Si el consumo se mantiene en niveles de riesgo, los primeros criterios de dependencia aparecen en torno a los 22-25 años y no es hasta cumplidos los 30 cuando estas personas reconocen tener problemas y acuden a la consulta médica. «La mayor parte de las personas que vienen con una dependencia franca te dicen lo mismo: que a los 25 eran los que más bebían y los que más aguantaban de entre los amigos, pero también que si no bebían no se lo pasaban bien», explica el doctor.

Hoy no es posible conocer cuántos alcohólicos funcionales hay en España, pues no hay estadísticas concretas. «Las encuestas del Plan Nacional sobre Drogas no buscan determinar el número de sujetos dependientes del alcohol, sino los patrones de consumo. Como no tenemos datos de prevalencia de dependencia sin complicaciones, no podemos conocer cuántos alcohólicos funcionales hay, aunque es fácil pensar que su número es mucho mayor que el de disfuncionales», explica Rubio.

Permisividad social con el alcoholismo

Señalar el alcoholismo funcional como un problema es complicado. A la falta de estadísticas y las reservas de los enfermos para pasar por la consulta médica se une la permisividad social. «Hoy la sociedad española es mucho menos permisiva con el alcohol que hace 50 años», explica el profesor Rubio, pero esto no implica que hoy se critiquen los hábitos propios del consumo de riesgo. «El alcoholismo es una enfermedad en la que el individuo sigue bebiendo si no percibe las consecuencias. Si nadie se da cuenta de que el sujeto bebe mucho y la bebida no le perjudica ni física ni familiar ni laboralmente, ¿por qué va a pensar en dejarlo?».

Por eso, insiste el profesor, es importante que la sociedad sea más crítica ante situaciones de consumo excesivo y que se señalen los patrones que esconden una dependencia, como ser incapaz de mantenerse abstinente en determinadas situaciones o desarrollar una tolerancia. «Nuestra sociedad acepta que en las cajetillas del tabaco se describan las consecuencias de fumar, pero, a diferencia de lo que ocurre en otros países, se niega a que en las bebidas alcohólicas aparezca una advertencia sobre las repercusiones del alcohol en jóvenes y en mujeres embarazadas».