Entre los sentimientos religiosos y la libertad de expresión

El caso contra Drag Sethlas, denunciado por Abogados Cristianos, fue archivado

Son casos tan mediáticos que parece que comiéramos con ellos todos los días. No es así. Los juicios por ofensas a los sentimientos religiosos son pocos, pero aún son menos las condenas que provocan. Sin embargo, sus consecuencias para la libertad de expresión y el procedimiento penal empiezan a notarse.

Un artista que formó con más de 200 hostias la palabra Pederastia, un chaval de 24 años que hizo un fotomontaje con su cara sobre la de un cristo y lo subió a Instagram, dos cómicos televisivos que calificaron al Valle de los Caídos como “esa mierda”, un cantautor que enseñó a cocinar una figura de un cristo. Todos estos hechos fueron denunciados como afrentas a los sentimientos religiosos, y todos salvo uno (el del chaval que colocó su cara en un cristo), terminaron siendo desestimados. Pero en todos los casos se obligó a los acusados a sentarse en el banquillo. Es la fuerza del artículo 525 del Código Penal, un artículo con un enorme poder para convocar a investigados y medios, pero con poco peso para condenar. Según la Memoria anual de la Fiscalía General del Estado, en 2017 sólo hubo una sentencia por el artículo 525, cero en 2016 y una en 2015.

Introducido en el Código Penal de 1932, reforzado en 1944 y retocado en 1995, el artículo 525 castiga a aquellos que “para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa hagan públicamente (…) escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”. No vale con soltar cualquier improperio antirreligioso, que sería lo que conocemos como blasfemia (figura penal introducida en 1944 y abolida en 1988), sino que tiene que tener la intención de ofender. La clave es la intención.

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Fact checking: el filtro contra la desinformación

Someter las declaraciones de un político al detector de mentiras no es nuevo. Sí es más reciente que las labores de verificación de hechos (o fact checking) no las haga un medio de comunicación sino a una plataforma online independiente.

Es el caso de la argentina Chequeado, una de las más de 160 plataformas de verificación que existen ahora mismo en el mundo. Y la primera en español. Desde 2010 comprueba si políticos, funcionarios, empresarios, sindicalistas y cualquier personaje reconocible e influyente dicen la verdad en sus declaraciones públicas.

También identifica y rastrea noticias falsas.

¿Toda declaración debe ser verificada? “No todos los temas son relevantes”, explica Laura Zommer, directora de Chequeado desde hace casi siete años. Tiene que ser una declaración factual, que haga referencia a un hecho o a un dato comprobable, no una opinión, una exageración o un recurso retórico.

En Chequeado repasan diariamente todos los discursos políticos relevantes, sesiones parlamentarias incluidas. A esta información suman la lectura de 30 medios, en papel, web, radio y televisión. Cada día de la semana.

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A la prensa milenial le estalla su dependencia de Facebook

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La prensa milenial pasa por un mal momento. Cerraron Buzzfeed España y Eslang, y Playground y Vice España recortaron sensiblemente sus plantillas. La culpa es del nuevo algoritmo de Facebook, dicen los medios heridos. La culpa es de fiarse de Facebook, dicen los expertos.

Por su propia naturaleza, Facebook está en cambio permanente y no es confiable”. Lo dijo en febrero Campbell Brown, máxima autoridad de Facebook en su relación con los medios, durante la American Magazine Media Conference, uno de los eventos más importantes para los periodistas estadounidenses.

Las palabras de Brown, pronunciadas a principios de febrero, culminaron un inicio de 2019 horrible para los periodistas: sólo en enero, más de 2.000 fueron despedidos. Buzzfeed prescindió de 220 trabajadores, el 15 por ciento de su plantilla, Buzzfeed España incluido. La revista Vice despidió a 250 personas, el 10 por ciento de su personal, lo que afectó a la división española de la marca. El Huffington Post también quedó tocado: 20 personas —ninguna en España, que se sepa—, aunque podrían ser más porque su empresa matriz, Verizon —el gigante que quería competir con Facebook y Google—, propietario de AOL, Tumblr y Yahoo!, anunció que en tres años despedirá a 3.000 empleados de los 11.000 que tiene; lleva 800 despidos desde comienzos de 2019.

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Podcasting en España: más de lo que oyentes y anunciantes esperan

Este artículo sobre el podcasting en España apareció antes (y más bonito) en la web de la revista Telos.

Planchar, levantar pesas, desplazarse en coche, cocinar, correr por la calle, nadar. Hay pocas actividades que no puedan acompañarse de un podcast. Estos programas de audio son perfectos para una sociedad que se lamenta de la falta de tiempo y donde la solución más popular es hacer varias cosas a la vez. Los podcasts permiten simultanear. Es lo que tiene el oído humano, que no demanda tanta atención como la vista o el tacto (pruebe a realizar cualquiera de las actividades de antes mientras ve un vídeo o toca la flauta)

Que los podcasts permitan simultanear podría ser la clave de que sean tan consumidos, especialmente en EE.UU., mucho menos en España. Pero esto mismo -ocupar los oídos y dejar libres los otros cuatro sentidos- lo lleva haciendo la radio desde hace casi un siglo. Luego debe de haber algo más que explique por qué uno de cada cuatro estadounidenses escucha podcast o por qué nuestro EGM ha empezado a incluirlos en sus datos de audiencia.

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