Blockchain y periodismo 1/2: ¿facilitará al periodista el cobro de sus artículos?

Perro de la raza Shiba inu que pone cara al meme Doge que a su vez pone cara a la criptomoneda dogecoin

Durante los últimos años hemos asistido a la irrupción de varios fenómenos que venían a salvar el periodismo. Por ejemplo:

  • Pivot to the video. Si hoy no se lee tanto como antes, lo más lógico es hacer menos textos y más vídeos.
  • Realidad virtual y realidad aumentada. Si los milenial no pagan por noticias, convirtamos las noticias en videojuegos.
  • El nuevo novo novísimo nuevo periodismo. El periodismo está un pelín denostado por el clickbait, la frivolidad y la desinformación. Con esos mimbres no se pueden conseguir suscriptores. ¿Solución? Un género nuevo digno de ser pagado: el Periodismo de Calidad®.

A este listado, que es fácilmente ampliable si usted echa un vistazo a los títulos de las conferencias sobre periodismo de los últimos años, hay que añadir un fenómeno más: blockchain, del que se dice que podría ser el definitivo salvador de la profesión.

Puede que sí o puede que no, aunque a bote pronto no estoy seguro de que blockchain vaya a salvar el periodismo ni tampoco de que vaya a revolucionar gran cosa.

Sí compro que permitirá almacenar de forma casi indeleble la información y compro también que mejorará la transparencia al hacer rastreable el contenido y sus cambios -si echa en falta alguna aclaración, aguánteme dos párrafos y le saco de dudas-. Pero no compro que blockchain vaya a ayudar a los periodistas a cobrar sus trabajos, como se afirma en algunos círculos. Es más, creo que ahora mismo hay motivos suficientes para desconfiar de esta idea.

Hablaré de mis dudas sobre las bondades de blockchain para los periodistas en dos artículos:

  1. Blockchain como facilitador para que los periodistas puedan cobrar directamente por su trabajo atendiendo a las visitas/lecturas que generen, que es el artículo que está leyendo ahora mismo.
  2. El pago por artículo concreto como forma de animar a los usuarios a pagar por lo que leen, que es el texto que viene después (o aquí si quiere un atajo).

¿Qué es blockchain y qué es una criptomoneda?

Pero antes de enfangarnos, dos explicaciones un poco básicas:

¿Qué es blockchain?

Muy superficialmente podríamos entender blockchain como un sistema de almacenamiento de información. (Sería tedioso explicar de cuántas formas esta definición es incompleta, pero pido a programadores, hackers, expertos en fintech, especuladores de criptodivisas, etc. algo de comprensión) En blockchain la información queda almacenada en muchos ordenadores a la vez, de forma que es prácticamente imborrable, y permite saber si se ha modificado dicha información y en caso de ser así, dónde, cuándo y por quién.

Blockchain es interesante para el periodismo por lo menos por dos razones:

  1. No hay que temer que alguien borre una noticia porque de alguna forma le perjudique (y pienso en regímenes dictatoriales pero también en los medios de países democráticos que están endeudados con empresas poderosas -los medios, no los países-). Para quienes se crean intocables porque tienen wordpress, blogspot, médium o publican hilos larguísimos en Twitter: estas plataformas también pueden ser intervenidas si las empresas que ponen el alojamiento se ven presionadas. Blockchain, no.
  2. Otro punto positivo de blockchain es que hace posible rastrear de dónde vienen las noticias falsas siempre que su origen primigenio esté en blockchain y no provenga de otra fuente menos rastreable. Eso sí, todo esto vale sólo si hablamos de una red blockchain pública, pues las privadas son tan crípticas como se puede esperar.

Civil es probablemente el proyecto más ambicioso de blockchain y periodismo de los que están en activo, y digo en activo porque pese al carácter revolucionario de blockchain ya hay iniciativas aparentemente abandonadas, como Publicism.

¿Qué es una criptomoneda?

Bitcoin es la criptomoneda más famosa. Una criptomoneda es dinero que sólo opera a través de la web y cuyo valor no tiene un sustento real. Subrayar esto no es necesariamente un insulto a las criptomonedas, pues ni el dólar ni el euro están avalados por nada material desde 1971. Lo que sustenta el dólar, el euro o cualquier moneda que podamos usar ahora mismo es que esa moneda tiene un valor consensuado entre quienes la usan. Dicho de otro modo: mi novia y yo podemos pagar el alquiler a nuestros caseros sin que tengan que consultar el valor del oro.

Con las criptomonedas pasa algo parecido aunque en un escenario distinto: quienes compran y venden en criptomonedas respaldan su valor, si bien es altamente improbable que panaderos, fontaneros, cajeros de supermercado, directores de periódicos, etc. acepten cobrar en criptomonedas. ¿Por qué? En parte porque las criptomonedas sólo operan en Internet y en parte porque la variabilidad de su cotización puede medirse con la escala Richter. En diciembre de 2017 una bitcoin valía 19.800$, el 21 de agosto de 2018, 6.400$, una semana después, 6.700$. Ayer, 4 de septiembre, valía 7.300$. * y **

* Añadido opcional 1. Una prueba de que las criptomonedas pueden aspirar a ser serias o a todo lo contrario es dogecoin. La criptomoneda dogecoin fue creada en 2013 por un programador que quería parodiar la bitcoin, intención que no disimuló ni un poco: el nombre y la imagen de la criptomoneda vienen del meme Doge, que muestra a un perro Shiba inu con cara de preguntarse qué lleva un helado tutti frutti (es la imagen que encabeza este artículo). Pese a estas señales evidentes de autoparodia, la dogecoin se compra y vende actualmente, aunque no por mucho: hoy una doge vale 0,002$. Hay unos 115 billones de doges circulando (al cambio, unos 288 millones de dólares) y, según el portal de cotizaciones de criptodivisas CoinMarketCap, la dogecoin ocupa la posición 35 como criptomoneda más popular. Tengamos en cuenta que hay más más de 1900 criptomonedas acuñadas ahora mismo, así que estar en el top35 indica no poco interés.

** Añadido opcional 2. Si alguien todavía pensaba que esta introducción no era ya un pelín larga, aquí va anécdota no contrastada pero no por ello menos procedente. Un hilo de Reddit cuenta que un usuario empezó a crear dogecoins. {Aclaración: el concepto preciso no es crear, sino minar criptomonedas: se crean criptomonedas al solucionar cálculos matemáticos por ordenador, una operación que exige un sobreesfuerzo incluso a los ordenadores más potentes. Al solucionar el cálculo, la criptomoneda se crea digitalmente y el dueño del ordenador recibe unas cuantas criptomonedas como pago por el tiempo y electricidad invertidos}. El asunto es que este usuario se olvidó de las dogecoins hasta el día que leyó un artículo sobre su cotización. Entonces recuperó el ordenador donde las había minado y vio que tenía 1 millón de dogecoins; las cambió por bitcoins y pudo así pagar un semestre para su hijo, escribió. Ese millón de dogecoins sería hoy al cambio unos 2.000$. En el mismo hilo, el minero de dogecoins señaló su sorpresa por las tasas de cambio que tuvo que afrontar, que cifró en más de 200$, y que definió como “de locos”. La primera respuesta a su mensaje decía que lo que era de locos es que consiguiera pagar ese semestre con bitcoins. El hilo, iniciado hace 8 meses, continúa con decenas de reflexiones que animan a comprar criptomonedas y a esperar para venderlas)

¿Puede facilitar blockchain que los periodistas cobren por su trabajo?

Una de las esperanzas de quienes defienden el poder salvador de blockchain es que este sistema pueda ayudar a los periodistas a cobrar por sus artículos. La clave es un contrato automatizado entre el medio y el periodista, un contrato automatizado que funciona gracias a blockchain; es lo que se conoce popularmente como un smart contract. Gracias a este contrato automatizado, por cada visita a un artículo se transferiría una cantidad de criptomonedas a la cuenta de su autor.

Automatizar así el proceso de cobro sería una ventaja para el periodista, especialmente si hablamos de los medios que pagan a 60 o incluso 90 días después de publicar la pieza. Aún con esto, creo que ese sería el único punto positivo de este tipo de smart contracts, y que ni siquiera es positivo al 100%. Porque:

  • Se pierde dinero. Ahora mismo sólo se pueden hacer smart contracts con criptomonedas, cosa lógica dado que el soporte tecno-logístico de estos contratos automatizados, que es blockchain, sólo opera con criptomonedas. De modo que el periodista cobraría su artículo en criptodinero. Si quiere puede cambiar su criptodinero a dinero de uso común, pero pagando unas tasas “de locos”. El resultado de esta operación es que perderá cierta cantidad de dinero y ganará un porcentaje considerable de riesgo, conocida la afición de las criptomonedas a subir y bajar de valor. Dicho esto, nadie le impide al periodista cobrar sólo en bitcoins o en cualquier criptomoneda. Otra cosa es si podrá pagar el alquiler con ellas.
  • ¿Un periodista que cobra dependiendo de las visitas que tiene su artículo? Esto ya existe: es habitual en portales tipo Blasting News que pagan a sus colaboradores según los lectores que atraigan sus noticias. Pero esto es sólo una muestra. El criterio de juzgar a un periodista no tanto por su experiencia o por lo buen periodista que sea, signifique lo que signifique esto, sino por el recorrido de sus artículos en redes sociales empieza a ser un vicio asumido con naturalidad. No hay medio que no fiche a youtubers o a tuiteros para aprovechar su tirón en las redes sociales y asegurarse unas cuantas visitas, lecturas, clics, etcétera.

Por todo lo anterior, especialmente por el punto 2), desconfío de que la dependencia de las visitas que ha propulsado problemas estructurales del periodismo actual (como el clickbait o las noticias frívolas) y que en parte provocan que la gente no pague por la información, vaya a cambiar con blockchain cuando precisamente blockchain, o al menos la fórmula de pago mediante blockchain que se comenta mayoritariamente, parece prolongar esa misma dependencia de las visitas.

Entonces no tengamos en cuenta las visitas, sino el tiempo de lectura

Un contraargumento a lo anterior puede ser que el autor no cobrara por las visitas sino por el tiempo de lectura del artículo, es decir, que el smart contract se activara sólo si el lector cumpliera un tiempo mínimo de presumible lectura.

Se habla de esto como si fuera una innovación que traerá blockchain, cuando lo cierto es que hoy mismo podemos conocer al instante hasta dónde se ha leído un texto, cuánto tiempo se ha escuchado un podcast o en qué minuto se cerró un vídeo. Lo sé yo en este blog gracias a Google Analytics y desde luego que lo saben todos los medios. ¿Por qué muchos medios no tienen en cuenta si sus artículos efectivamente se leen o no más allá de para hacer competir a sus periodistas para escribir la noticia más leída del día y explicitar esta competición en una pantalla gigante que cuelga sobre sus cabezas? No tengo una respuesta clara pero sí una suposición.

La realidad, un poco cruda para los que escribimos pero también bastante lógica, es que no todo el mundo acaba las noticias que empieza. Pese a que los manuales modernos de periodismo -especialmente los que hablan de reportajes y crónicas- la condenen, hoy la pirámide invertida sigue siendo básica. Y no por nostalgia. Muchas veces hay que poner las cosas importantes al principio porque en una competición por conservar la atención entre nuestro texto y cualquier cosa que le venga a la mente o a la pantalla a quien nos lee, puede suceder que nuestro contenido pierda. Vale que en Internet el espacio es prácticamente infinito para publicar textos tan largos como queramos, pero no son infinitos ni el tiempo ni la atención ni el interés de la gente.

Así que me resulta complicado asumir que el cobro de un artículo dependa de si se ha leído o no. Los artículos que solemos considerar importantes para formarnos como ciudadanos (vigilancia al poder, geopolítica, educación, cultura, inmigración, derechos humanos) rara vez aparecen entre los más leídos, y no por ello son menos importantes. Pretender que el periodista cobre (o cobre más) sólo si su artículo se lee, conociendo la relación inversamente proporcional entre importancia social/popularidad de las noticias, nos llevaría a una realidad periodística peligrosa (aunque vale como argumento tirando a normalito para un capítulo de Black Mirror)

Como conclusión a esta primera parte, creo que es bastante arriesgado que el cobro de un artículo dependa de las reacciones que despierte, ya sean clics, usuarios únicos, RTs, visitas, tiempos de lectura, etc, pues condiciona al periodista y le invita a usar tácticas por todos conocidas. Hacer información buscando estas reacciones nos lleva al clickbait, a las frivolidades y a las fake news, cuando no a dejar de cubrir temas tan necesarios como poco populares. Si esta mecánica de cobro va a ser uno de los aportes de blockchain que salvará el periodismo, creo que no vamos bien. Que, de hecho, añade más argumentos a quienes opinan que no merece la pena pagar por la información en Internet.

¿Y qué pasaría si blockchain permitiera que los lectores pagaran por artículos concretos? ¿Podría ser un incentivo decisivo para pagar por periodismo o de nuevo hablamos de una iniciativa que suena muy bien pero que en la práctica no va a levantar el vuelo? Continúe aquí.

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